Se llamaba Antonio de Cobián Valdés.
Jurista de carrera y miembro del Consejo de Su Majestad, fue nombrado oidor de la Real Audiencia de Santa Fe por título de 3 de julio de 1715 para ocupar la plaza vacante dejada por Domingo de la Rocha. Meses después obtuvo licencia para viajar a América acompañado de su esposa, Ana González de Estrada, y varios criados, emprendiendo el viaje a finales de aquel mismo año.
A mediados de 1716 ya se encontraba en Caracas desempeñando una misión especialmente delicada: investigar los pleitos, embargos, detenciones, denuncias de contrabando y conflictos jurisdiccionales que habían paralizado durante meses las operaciones del navío de registro de la Compañía del Marqués de Montesacro.
Gracias a su pesquisa conocemos hoy buena parte de lo que ocurrió en Caracas y La Guaira entre 1715 y 1716. De hecho, muchas de las declaraciones, testimonios y documentos que permiten reconstruir esta historia proceden precisamente de los autos instruidos por él.
Antonio de Cobián recibió el encargo de averiguar por qué la compañía del Marqués de Montesacro veía bloqueadas sus operaciones, quiénes habían intervenido en los embargos, qué intereses existían detrás de los enfrentamientos y hasta qué punto se había perjudicado el servicio del Rey.
Su investigación terminó convirtiéndose en una de los procedimientos legales más importantes realizadas en la provincia durante aquellos años. Y fue precisamente aquella labor la que permitió esclarecer los acontecimientos, exonerar finalmente a Amaro Pargo de las acusaciones que pesaban sobre él y permitirle continuar su carrera marítima en el Caribe durante al menos siete años más, participando en nuevas expediciones y actividades comerciales.
Archivo General de Indias. Legajo 693A, Expediente de Cumaná. 1716.



