En una iglesia dominica del centro de San Cristรณbal de La Laguna, en la isla de Tenerife, Islas Canarias, una tumba gastada por el paso del tiempo, por las pisadas de generaciones de feligreses y hoy, por turistas, muestra una calavera con tibias cruzadas que observa a quien ose contemplarla, sรญmbolo de la igualdad ante la muerte. Junto a ella, un escudo herรกldico grabado en mรกrmol blanco reรบne dagas, piezas de artillerรญa, un casco noble y varias cruces de brazos ensanchados, emparentadas iconogrรกficamente con la cruz de Malta. Durante las รบltimas dรฉcadas, esta sepultura ha pasado casi desapercibida.

En las inmediaciones de la iglesia de Santo Domingo de Guzmรกn, en pleno casco histรณrico, descansa una mujer cuya devociรณn convoca cada aรฑo a miles de creyentes. Su cuerpo incorrupto reposa en un sarcรณfago cuya apertura requiere tres llaves distintas y una contraseรฑa ritual. Cada llave necesita un giro particular y solo las monjas que custodian su cuerpo conocen la posiciรณn en la que han de estar las tres al unรญsono antes de que la cerradura ceda. El 15 de febrero es el รบnico dรญa del aรฑo en el que, en el convento de Siena, custodiado por estas hermanas catalinas, su cuerpo es mostrado al pรบblico. Desde primera hora de la maรฑana, largas colas se forman para pedir un milagro, un favor o incluso un rezo por un familiar enfermo. Tras el cristal del sarcรณfago, los visitantes contemplan a la tinerfeรฑa Sor Marรญa de Jesรบs de Leรณn Delgado, mejor conocida como la Siervita, y sobre su cubierta, en letras barrocas baรฑadas en pan de oro, un poema acrรณstico aguarda a ser leรญdo:

Aquรญ yace flor preclara

Marรญa de Jesรบs, pura,

A quien fue esplendor de clara

Rara en virtud y hermosura,

O en todas las virtudes raras.

 

Parece a quien el humano afรกn

A mirar con luz divina,

Rara ave peregrina,

Girando al Cielo, Guzmรกn,

O al trono de Catalina.

Un ave que, al alzar el vuelo, verรก el templo del primero y, si gira, el trono de la segunda: Guzmรกn y Catalina. Ambas sepulturas, la de la religiosa venerada y la del personaje desconocido, pertenecen a un mismo tiempo y a una misma รฉpoca: la de las grandes travesรญas atlรกnticas, los corsarios con patente de corso, los piratas legendarios de la Edad de Oro, los gobernadores corruptos, el comercio del cacao, los pleitos, las traiciones y la gloria. Aquella ciudad fue escenario de dos universos enfrentados, unidos sin embargo por la amistad y el respeto que se profesaban ambos: el de la devociรณn y la clausura frente al de las armas y el mar. Pero, al final del horizonte, esa ave divisarรญa tambiรฉn las costas de La Guaira, Venezuela, y frente a ella, a su enemigo holandรฉs de Curazao.

El sarcรณfago de la Siervita fue financiado por este misterioso lagunero, que quiso dejar sobre esas maderas su nombre para siempre: Amaro Pargo.

Autor: Marco Polo

Escritor e investigador. Autor de la saga sobre Amaro Pargo: Comprar el Cielo (2024) y Tela Roja (2025).