Tras los pasos de Amaro Pargo
El próximo sábado 5 de septiembre, Carlos Jesús Pérez Simancas dirigirá una excursión inédita por distintos lugares de Tenerife relacionados con la figura de Amaro Pargo. Siete horas de recorrido, desde las 9:00 hasta las 16:00, con salida desde la Plaza del Adelantado de La Laguna, combinando transporte en guagua, visitas y degustaciones.
La ocasión llega además en un momento especialmente bueno para Carlos. Hace apenas unas semanas ha sido reconocido con el XIV Premio Internacional de Divulgación Histórica Juan Antonio Cebrián–Villa de Crevillent por su obra Troya y el ocaso de la Edad de Bronce, que será publicada por Almuzara.
Carlos conoce bien mi interés por la figura de Amaro Pargo y hemos compartido durante años muchas conversaciones alrededor del personaje, de su historia y también de las numerosas leyendas que lo rodean. Por eso quería aprovechar esta nueva iniciativa para preguntarle qué ha preparado para quienes decidan acompañarlo ahora tras los pasos de Amaro Pargo.
Carlos, empecemos por el principio. ¿Cómo nace esta excursión y por qué decidiste plantear un recorrido completo en guagua dedicado exclusivamente a Amaro Pargo?
Nace después de muchos años hablando de Amaro Pargo, haciendo rutas, entrando en Santo Domingo, enseñando su tumba y viendo una cosa que siempre me ha llamado mucho la atención: Amaro despierta curiosidad casi de inmediato, incluso entre personas que llegan sabiendo muy poco de él. Empiezas hablando del corsario y enseguida aparecen preguntas sobre sus barcos, sus propiedades, sus viajes, sor María de Jesús, el famoso tesoro, América, el comercio, las leyendas… y al final te das cuenta de que una visita convencional se queda corta porque el personaje se te escapa continuamente de los límites de una iglesia o de una calle de La Laguna.
Y en este caso hay además una historia personal detrás que tú conoces perfectamente y que a mí me hace especial ilusión recordar. Hace ya algunos años fui yo quien te llevó por primera vez a Santo Domingo y te enseñó la tumba de Amaro Pargo. Fue una visita pequeña, casi una curiosidad entre amigos, y mira hasta dónde ha llegado aquello. De aquella primera conversación nació una inquietud, después una investigación, más tarde un libro que va camino de convertirse en una verdadera saga y, con los años, un conocimiento del personaje que te ha convertido hoy en una de las voces más autorizadas para hablar de Amaro Pargo. Y te confieso que para mí, además de la admiración que me produce todo ese trabajo, hay también mucho orgullo, porque eres amigo mío y porque tuve la suerte de estar, de alguna manera, en el comienzo de ese camino. Es una de esas cosas bonitas que a veces ocurren casi sin buscarlas: un día llevas a un amigo a conocer una tumba y, años después, ese amigo termina sabiendo de aquel hombre mucho más de lo que probablemente ninguno de los dos podía imaginar aquella mañana.
Por eso tenía ganas de plantear una jornada entera y no otra ruta corta sobre el «pirata Amaro Pargo», entre otras cosas porque Amaro no fue un pirata y creo que esa diferencia conviene explicarla bien desde el principio. Estamos ante un personaje mucho más complejo: comerciante, navegante, propietario, hombre de negocios, corsario cuando actúa dentro del marco legal correspondiente, profundamente religioso y perfectamente metido en la realidad económica y social de su tiempo. Y cuanto más se estudia la documentación, menos se parece al personaje plano que durante años se ha ido construyendo alrededor de él.
Luego está Tenerife, que para mí es fundamental. Para entender de verdad a Amaro tenemos que movernos por la isla. La guagua no está puesta simplemente para trasladarnos de un punto a otro: nos permite seguir una geografía y utilizar esa geografía para reconstruir el mundo en el que vivió.
Sin desvelar todas las sorpresas, ¿por qué lugares de Tenerife va a pasar la excursión y qué relación tiene cada uno de ellos con la vida de Amaro?
No quiero contarlos todos porque entonces le quitamos buena parte de la gracia a la excursión, pero evidentemente La Laguna tiene un peso fundamental. Salimos desde la Plaza del Adelantado y tenemos que hablar de la ciudad en la que nace Amaro, de la sociedad lagunera de finales del XVII y comienzos del XVIII y, naturalmente, de Santo Domingo. Allí está su tumba y allí aparece también una parte esencial de su mundo religioso y de su relación con sor María de Jesús.
Pero uno de los errores que hemos cometido muchas veces es quedarnos ahí. Parece que Amaro empieza y termina en La Laguna y no es así. Cuando sigues sus propiedades, sus inversiones, sus negocios y los espacios vinculados a su actividad económica, el mapa se va ampliando. Una cosa es decir que alguien tenía tierras, bodegas, lagares o intereses comerciales y otra muy distinta es colocarte delante de esos lugares y preguntarte qué significaba realmente poseer, producir y vender en Tenerife hace trescientos años.
A mí me interesa mucho que la gente vea esa cadena completa. El vino no aparecía mágicamente en un barco. Había que cultivar, recoger, elaborar, almacenar, transportar y embarcar. Había caminos, animales de carga y, sobre todo, personas detrás de todo aquello.
Habrá lugares evidentes y otros que no lo son tanto. Prefiero guardar estos últimos. Me interesa que en alguna parada alguien se baje y piense: «¿Qué hacemos aquí? ¿Qué tiene que ver este sitio con Amaro?». Ahí empieza otra manera de contar la historia.
Una cosa es leer sobre Amaro Pargo y otra muy diferente situarse físicamente en los lugares por los que pasó. ¿Qué va a descubrir durante esta jornada alguien que conozca poco al personaje? ¿Y qué puede sorprender incluso a quien crea conocer ya bastante de él?
Quien conozca poco probablemente va a descubrir, en primer lugar, que el Amaro histórico es bastante más interesante que el Amaro reducido a la palabra «pirata». Y lo digo así porque todavía hoy mucha gente utiliza esa palabra. Tendremos que detenernos un momento para explicar que pirata y corsario no son exactamente lo mismo, que el corso tenía un marco jurídico y político concreto y que Amaro actuó dentro de ese mundo, pero además fue comerciante, propietario, navegante y un hombre profundamente integrado en las estructuras económicas y religiosas de su época.
A mí me interesa mucho esa complejidad porque evita convertirlo en una caricatura. No necesito que Amaro sea un héroe y tampoco necesito convertirlo en un personaje oscuro porque eso quede más moderno. Me interesa entenderlo: qué pensaba, dentro de lo que podamos saber; cómo se movía; qué relaciones tenía; cómo hizo fortuna; qué papel desempeñaba la religión en su vida y cómo encajaba el corso dentro de todo lo demás.
Quien crea conocer bastante sobre él puede llevarse alguna sorpresa porque hay cosas que repetimos desde hace años y que, cuando buscas la documentación, no resultan tan claras. Con Amaro se ha producido algo muy habitual con los grandes personajes populares: la historia se ha ido mezclando con la memoria y la memoria con la leyenda. Después de tres siglos separar unas capas de otras no siempre es sencillo.
El tesoro es el ejemplo más evidente, pero no es el único. Hay relatos que se repiten porque alguien los escribió, otros porque alguien los contó y otros porque simplemente nos gusta que sean verdad. Esa parte también me interesa, porque explica cómo una sociedad construye a sus personajes.
Alrededor de Amaro se han acumulado durante tres siglos historia, tradición oral y también mucha leyenda. Como divulgador y guía, ¿cómo vas a separar durante el recorrido lo que está documentado de aquello que pertenece a la tradición o al mito?
Diciéndolo claramente. Si tenemos un documento, diremos que tenemos un documento. Si estamos contando una tradición, diremos que es una tradición. Si hablamos de una hipótesis, la presentaremos como hipótesis. Y si entramos en la leyenda, que entraremos porque forma parte inevitablemente de Amaro Pargo, diremos también que estamos entrando en la leyenda. Creo que ahí no hay que jugar.
Además, Amaro no necesita que le inventemos nada. Ése es un problema que hemos tenido muchas veces con determinados personajes históricos. Parece que si les quitamos la leyenda pierden interés y, en realidad, a veces ocurre exactamente lo contrario. Cuando empiezas a trabajar con documentación y descubres operaciones comerciales, pleitos, propiedades, viajes, vínculos religiosos, actuaciones corsarias, relaciones familiares y movimientos económicos, aparece un ser humano mucho más interesante que el personaje de cartón piedra que muchas veces nos deja la tradición.
Ahora bien, tampoco quiero cometer el error contrario. No quiero echar la leyenda por la ventana porque también forma parte de Amaro. Sólo que pertenece a otra historia: la historia de cómo lo hemos recordado. El tesoro, los escondites, determinadas aventuras que se le atribuyen, esa continua transformación del corsario en pirata… todo eso nos dice mucho de lo que ha ocurrido con su figura después de muerto.
A mí me interesa muchísimo ese punto porque divulgar no consiste sólo en contar certezas. También consiste en reconocer qué cosas sabemos, cuáles intuimos y cuáles no podemos demostrar. Y no pasa absolutamente nada por decir «esto no lo sabemos». Al contrario. A veces la duda es mucho más interesante que una certeza inventada.
Yo soy el primero al que le gustan las leyendas, pero precisamente por eso creo que hay que tratarlas bien y no disfrazarlas de documento.
La excursión no se limita a La Laguna y precisamente se realiza en guagua. ¿Ayuda recorrer la isla a comprender que la historia de Amaro fue mucho más amplia que sus casas, su tumba o los lugares con los que normalmente se le identifica?
Muchísimo. Después de tantos años haciendo rutas me he dado cuenta de que ocurre algo muy curioso cuando desplazas físicamente a la gente por un territorio: empiezan a unir cosas que hasta ese momento tenían separadas. Una cosa es decir que Amaro tenía propiedades, que comerciaba, que navegaba hacia América o que estaba vinculado a determinados lugares y otra es recorrer parte de esa geografía y comprobar dónde está cada cosa y qué relación podía haber entre ellas.
Además, nos sigue pesando mucho esa idea de unas Canarias aisladas, casi perdidas en mitad del Atlántico, y cuando estudias estos siglos descubres que la realidad era mucho más interesante. Tenerife estaba vinculada a América, a Europa y a las rutas marítimas. Por aquí pasaban personas, mercancías, noticias, intereses económicos y conflictos. Amaro no es una excepción extravagante dentro de esa realidad; es precisamente uno de los personajes que mejor nos permite entrar en ella.
Por eso yo no quiero que la ruta sea solamente «vamos a ver dónde estuvo Amaro Pargo». Sería quedarse en la superficie. Quiero utilizarlo para hablar de Tenerife. Del Tenerife de comienzos del XVIII, de cómo se vivía, de cómo se producía, de cómo se comerciaba y de hasta qué punto una isla aparentemente pequeña estaba conectada con espacios enormes.
La guagua nos permite algo que andando sería imposible: pasar de un entorno urbano a otro agrícola, de ahí hacia la costa, mirar las distancias y entender el territorio como una unidad. Para mí ése es uno de los grandes valores de esta excursión.
El programa habla también de visitas y degustaciones. ¿Has buscado que el participante pueda acercarse no solamente al personaje, sino también al paisaje, los productos y la vida cotidiana de la Tenerife que rodeó a Amaro?
Sí, pero intentando que las degustaciones no sean un añadido turístico que ponemos porque queda bonito en el programa. Si vamos a probar determinados productos quiero que sepamos por qué están ahí y qué nos cuentan. Cuando hablamos del vino, por ejemplo, no estamos hablando de una simple curiosidad gastronómica. Estamos entrando en una parte fundamental de la economía canaria de aquella época y también en un mundo relacionado con las propiedades y las actividades económicas de Amaro.
Hay algo que me interesa especialmente: bajar un poco al personaje del pedestal. Cuando contamos la vida de alguien como Amaro tendemos a hablar de barcos, comercio, riqueza, corso, propiedades, religión… pero detrás de todo eso había personas. Había quien cultivaba las tierras, quien llevaba los productos, quien trabajaba en las bodegas, quien esperaba un barco, quien dependía de una cosecha o quien veía marcharse a alguien hacia América sin saber cuándo iba a regresar.
Esa vida cotidiana es la que muchas veces se pierde cuando contamos la gran historia. El siglo XVIII no era solamente un conjunto de fechas, reyes, barcos y documentos. Era un mundo habitado.
No pretendemos hacer una recreación histórica ni decir que durante siete horas vamos a vivir como en tiempos de Amaro Pargo. Eso sería absurdo. Lo que sí podemos hacer es utilizar el paisaje, determinados productos y los propios lugares para acercarnos un poco más a aquel Tenerife.
Amaro Pargo nos sirve como hilo conductor, pero la historia que vamos a recorrer es mucho más amplia. Después de tres siglos seguimos hablando de él, seguimos investigándolo y seguimos discutiendo qué hay de historia y qué hay de leyenda. Eso significa que todavía quedan cosas por contar.



