(Guanare y la Provincia de Caracas en tiempos de Amaro Pargo, 1711–1714)
Nuestra Señora de Coromoto es la Patrona de Venezuela. Su devoción se extiende por todo el país y, de manera muy particular, por la ciudad de Guanare, lugar donde tuvo lugar su aparición el 8 de septiembre de 1652.
Guanare había sido fundada en 1591 como parte del proceso de ocupación y control del interior de la Provincia de Venezuela. Los indígenas que habitaban la región, conocidos como los Cospes, se internaron en la selva, lo que dificultó durante décadas la labor evangelizadora emprendida por la Iglesia. Este territorio, situado tierra adentro y alejado de los principales puertos, mantuvo durante largo tiempo una condición de frontera interior, marcada por la coexistencia de población indígena, misioneros, autoridades civiles y rutas de arriería vinculadas al comercio del cacao y otros productos.
En este contexto, en 1651, el cacique Coromoto y su esposa afirmaron haber visto, al cruzar una corriente de agua, a una Señora de extraordinaria belleza que les habló en su idioma y les pidió que acudieran a los “blancos” para recibir el bautismo. Según la tradición, la Virgen se apareció en varias ocasiones a miembros de la comunidad indígena y a sus hijos cuando acudían a la quebrada a buscar agua.
Un español llamado Juan Sánchez tuvo conocimiento de estos hechos y promovió la catequización de la tribu, asentándola entre los ríos Guanaguanare y Tucupido. Muchos aceptaron el bautismo, aunque el propio cacique Coromoto se resistió, añorando la vida libre en la selva.
El 8 de septiembre de 1652, tras negarse a participar en los actos religiosos, Coromoto regresó con ira a su bohío. Allí se produjo la segunda y definitiva aparición. La Señora se manifestó de forma visible y corpórea, irradiando una luz descrita por los testigos como “el sol del mediodía”. El cacique intentó herirla con una flecha, pero la Virgen desapareció, dejando en su mano un pequeño pergamino con su imagen grabada.
El pergamino fue recogido por Juan Sánchez y otros testigos. Una vela de cera negra permaneció encendida durante días sin consumirse, hecho considerado milagroso. En 1654 la imagen fue trasladada a la Iglesia de Guanare y, desde finales del siglo XX, se conserva en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto, construido en el lugar de la segunda aparición y consagrado en 1996, con la presencia del papa Juan Pablo II.
El cacique Coromoto huyó posteriormente a la selva, donde fue mordido por una serpiente venenosa. Antes de morir pidió el bautismo y, tras recibirlo, exhortó a otros indígenas a no abandonar la doctrina cristiana.
Cacique de Coromoto
Basílica en Coromoto
Imagen de la Basílica. Autora: Leticia Raazruiz
La imagen de Coromoto: tamaño, técnica y misterios
La imagen que Nuestra Señora de Coromoto dejó en manos del cacique indígena el 8 de septiembre de 1652 posee unas dimensiones extraordinariamente reducidas: 27 milímetros de alto por 22 de ancho, contenida en un óvalo de 41 por 33 milímetros, equivalente al tamaño de una huella dactilar. Pese a ello, concentra una complejidad técnica y simbólica difícil de explicar.
La reliquia presenta forma oval, símbolo del origen y la vida. El material del soporte no ha podido ser identificado. Los testimonios coinciden en que el cacique no tenía nada en la mano cuando afirmó haber atrapado a la aparición; al abrirla, la imagen estaba allí. Los estudios técnicos han determinado que el dibujo está realizado de un solo trazo, con líneas más finas que las propias fibras del soporte, que aparecen tanto por encima como por debajo de los trazos, algo que no se ha logrado explicar científicamente.
De la corona emerge un velo que permite distinguir el cabello. El lado derecho aparece trenzado al estilo indígena; el izquierdo cae suelto, símbolo de virginidad. En este mismo lado, los análisis microscópicos han identificado una planimetría que coincide con la del actual Santuario Nacional de Coromoto.
Los ojos, de menos de medio milímetro, presentan rasgos humanos diferenciados. En el ojo derecho se han identificado, a nivel microscópico, figuras humanas correspondientes a las personas presentes en el bohío durante la aparición. Su forma ha sido interpretada como un corazón o como el mapa de Venezuela. En el ojo izquierdo se observa el iris humano con un punto de luz y, dentro de él, la figura del cacique sosteniendo la reliquia, junto a su esposa, su cuñada Isabel, un niño y el fogón encendido, además de montañas y un personaje con vestimenta colonial.
La imagen no muestra restos de pigmentos conocidos ni técnicas pictóricas identificables. No se ha podido determinar el origen del color ni el procedimiento de ejecución, lo que ha llevado a concluir que no pudo ser elaborada por mano humana.
La Virgen aparece sentada con el Niño Jesús sobre sus rodillas. El Niño bendice con la mano derecha y sostiene el mundo con la izquierda, representado por una esfera coronada por una cruz. El rostro de la Virgen es joven, indígena, sereno y sonriente. Sus manos son distintas: una más oscura y robusta, la otra más clara y fina, interpretadas como símbolo del encuentro entre la cultura indígena y la española. La vestimenta refuerza esta dualidad: un saco europeo en un lado y una piel de puma en el otro. La escena se enmarca entre columnas que representan el bohío de la aparición, y la corona, inicialmente interpretada como europea, ha sido identificada posteriormente como una corona indígena.
Fuente: La Iglesia Católica / Facebook (https://web.facebook.com/share/1C7GYZY2BV/)
Imagen del expediente encontrado en la Biblioteca Nacional de Madrid: José Francisco Cañas y Merino, gobernador quien otorgó la Patente de Corso a Amaro Pargo a finales de 1711
Guanare y la Provincia de Caracas en tiempos de Amaro Pargo (1711–1714)
En los años en que Amaro Rodríguez Felipe cruza repetidamente el Atlántico al servicio de intereses mercantiles, militares y regios, la Provincia de Venezuela atraviesa uno de los periodos más violentos, opacos y contradictorios de su historia hispánica. Entre 1711 y 1714, bajo el gobierno de Joseph Francisco Cañas y Merino, el territorio —del que Guanare y la antigua provincia de Coromoto formaban parte funcional y jurisdiccional— se convierte en un espacio de represión extrema, control forzado del comercio y violencia ejemplarizante
Guanare, fundada en 1591 y núcleo histórico del ámbito coromotano, se hallaba integrada en una red de caminos interiores, hatos, pueblos de indios y rutas de cacao que conectaban los Llanos con Barquisimeto, Tocuyo, Valencia, Caracas y los puertos de La Guaira, Tucacas y Coro. Esta red era vital para el contrabando, principal fuente de riqueza real en la provincia, y por tanto objeto de una lucha feroz por su control
Durante el mandato de Cañas y Merino se produce uno de los episodios más brutales del periodo: la ejecución por horca de once personas acusadas de transportar cacao y tabaco hacia Tucacas en 1712. No se trataba de grandes comerciantes, sino en su mayoría de gente humilde, arrieros y pequeños intermediarios, algunos menores de edad según los estándares jurídicos de la época. Este hecho conmocionó a la provincia y será citado posteriormente como uno de los detonantes de la destitución del gobernador.
Lejos de erradicar el contrabando, estas ejecuciones buscaban reordenar su control, no eliminarlo. El cacao producido en jurisdicciones como Guanare, Barquisimeto y San Nicolás seguía fluyendo hacia los puertos, pero ahora bajo licencias selectivas, comisiones ilegales y protección directa del gobernador, que aspiraba a monopolizar el beneficio del tráfico ilícito.
En este contexto aparecen figuras clave: los jueces subdelegados, pesquisidores y oficiales de Real Hacienda, muchos de ellos implicados directamente en el comercio ilegal. Documentos contemporáneos muestran cómo jueces encargados de perseguir el contrabando lo indultaban mediante composiciones pagadas en dinero, cacao o mulas, generando una justicia selectiva que recaía siempre sobre los eslabones más débiles de la cadena.
.La provincia dependía formalmente de la Audiencia de Santo Domingo, pero en la práctica Caracas y su oligarquía —mantuanos, comerciantes, clero— negociaban el poder real sobre el territorio. La gente llana, indígenas, arrieros y pequeños productores de zonas como Coromoto y Guanare, carecía de acceso efectivo a la justicia, quedando atrapada entre la violencia del gobernador y la corrupción de las élites
Es en este paisaje de violencia institucional, contrabando estructural y conflictos jurisdiccionales donde se inscriben los viajes de Amaro Pargo al Caribe y a las costas venezolanas. El fracaso del proyecto de control regio en Venezuela, evidenciado por la caída de Cañas y Merino en 1714 y su envío encadenado a España, explica por qué los abordajes, incautaciones y conflictos marítimos de esos años generan litigios prolongados, versiones contradictorias y silencios interesados.
La Provincia de Coromoto era una zona estratégica de producción, tránsito y tensión, plenamente integrada en el mundo atlántico que Amaro Pargo conoció de primera mano.
No deja de ser significativo que, en este mismo territorio marcado por la represión, el miedo y el desorden social, se conserve la memoria de la aparición de Nuestra Señora de Coromoto como símbolo de encuentro, protección y reconciliación cultural. Mientras la administración colonial se descomponía entre abusos y corrupción, la devoción coromotana arraigaba entre indígenas, mestizos y criollos, convirtiéndose con el tiempo en uno de los referentes espirituales más potentes de Venezuela.
La huella de la Virgen de Coromoto en Canarias
La presencia de la Virgen de Coromoto en Canarias está estrechamente vinculada a la emigración canaria a Venezuela y al retorno de muchos de aquellos emigrantes.
En San Cristóbal de La Laguna (Tenerife) existe el barrio de El Coromoto, que toma su nombre de esta advocación mariana y donde se levanta la Ermita de la Virgen del Coromoto.
En el municipio de Candelaria se conserva una réplica de la imagen en la Iglesia de Santa Ana, próxima al Santuario de la Virgen de Candelaria. En La Guancha se erigió igualmente una ermita dedicada a Nuestra Señora de Coromoto, financiada por emigrantes retornados.
Fuente: Ruta de las Iglesias (Canarias / Facebook)
En la isla de La Gomera, en las cumbres de Chijeré, existe otra ermita consagrada a la Virgen, construida en 1985 por Don Aurelio Darias y su esposa, también emigrantes retornados de Venezuela.



