El 20 de marzo de 1716, Antonio José Álvarez de Abreu, natural de La Palma y uno de los ministros que habían llegado a Venezuela junto a Amaro Pargo a bordo del Blandón, ordenó inspeccionar una fragata que acababa de entrar en el puerto de La Guaira. Se trataba de la Santa María la Mayor, procedente de Veracruz y que había hecho escala en Martinica. Su capitán y propietario era Pedro Manuel Grashuysen, comerciante y vecino de La Laguna, de ascendencia neerlandesa, vinculado al círculo mercantil de Amaro Pargo, mientras que Domingo de Melo ejercía como maestre de la embarcación.
Aquella relación de confianza no impidió que Álvarez de Abreu ordenase sellar las escotillas y registrar la embarcación. Durante la inspección se descubrieron diversos géneros procedentes de China que no habían satisfecho los derechos correspondientes, valorados aproximadamente en dos mil pesos, mientras que el ministro calculó que el conjunto de las irregularidades podía alcanzar entre cuatro y cinco mil pesos (una comparación orientativa con los salarios de la época, tomando como referencia el estudio de Enrique Llopis Agelán y Héctor García Montero, Precios y salarios en Madrid, 1680-1800, permitiría situar esas cantidades entre 1,5 y 2,3 millones de euros actuales, según los salarios modernos elegidos para la comparación).
El propio Álvarez de Abreu describió así la intervención en su correspondencia dirigida al rey:
«Passé, luego que dio fondo, a su bordo a serrar, clauar y sellar las escotillas, poniéndole guardas […] Y hauiendo proueído auto para que se abriesen los tercios y cajones para descubrir los géneros de China, se descubrieron diferentes partidas de ellos, que estimo como en 2000 pesos […] estimo todo el descamino de 4 a 5 mil pesos con los 200 pesos de la fiansa de maestrage».
«En cuanto la embarcación fondeó, subí a bordo para cerrar, clavar y sellar las escotillas, colocando guardias. Posteriormente ordené abrir los fardos y cajones para buscar mercancías procedentes de China, descubriéndose diferentes partidas valoradas aproximadamente en dos mil pesos. Calculé que el conjunto de las mercancías irregulares, incluyendo los doscientos pesos de la fianza de maestrazgo, podía alcanzar entre cuatro y cinco mil pesos».
Grashuysen, que llevaba años navegando entre Canarias, Venezuela y Veracruz, se encontraba así bajo investigación por las mercancías transportadas en su propia fragata, aunque el documento no permite establecer todavía qué parte de estas fue definitivamente decomisada.
Mientras se discutían los registros, los impuestos y los decomisos, el propio Álvarez de Abreu protagonizaba un asunto bastante más personal. El 12 de abril de aquel mismo año había contraído matrimonio con Teresa Cecilia de Bertodano, hija del antiguo gobernador de Venezuela, Alberto de Bertodano, precisamente uno de los principales responsables de los enfrentamientos que habían perjudicado a la compañía de Montesacro y a los hombres llegados con Amaro Pargo.
El matrimonio se había celebrado sin conocimiento ni consentimiento inicial de los padres de Teresa, quienes no supieron de la boda hasta un mes después. El propio Álvarez de Abreu reconocería estas circunstancias en una carta dirigida al rey el 5 de septiembre de 1716, en la que trataba de justificar la legalidad de su matrimonio y explicaba que había contado con la protección del obispo de Caracas, fray Francisco del Rincón.
Fragmentos de la carta original al rey, fechada el 5 de septiembre de 1716:
«No enconttré reparo digno del Real desagrado de Vuestra Magestad en hauer efectuado [ma]ttrimonio el día 12 de abril destte [año con] doña Theressa Cessilia de Bertto[dano], hija lexítima de don Albertto de [Berto]dano, gouernador que fue de estta prouincia […]».
Y continuaba explicando las circunstancias en que había celebrado aquel matrimonio:
«Hauerse executtado estte mattrimonio sin la sciencia [y] beneplácitto de los padres que [no] tubieron la notticia hastta vn mes después prottexido, yo únicamentte por el vuestro obispo don Fray Francisco del Rincón; y conssiderándolo caussa piadossa por la viudez de la referida doña Theressa Cessilia. Y su pobreza y la de sus padres, pudo alenttarme a estta resoluzión».
En castellano actual:
«No encontré motivo alguno que pudiera causar el desagrado de Vuestra Majestad por haber contraído matrimonio el 12 de abril de este año con doña Teresa Cecilia de Bertodano, hija legítima de don Alberto de Bertodano, que fue gobernador de esta provincia».
«Este matrimonio se celebró sin conocimiento ni consentimiento de sus padres, quienes no tuvieron noticia de él hasta un mes después. Conté únicamente con la protección del obispo, fray Francisco del Rincón, y consideré que se trataba de una causa piadosa, dada la viudez de Teresa Cecilia y la pobreza en que se encontraban tanto ella como sus padres, circunstancias que me animaron a tomar aquella decisión».
Álvarez de Abreu, que había llegado a Venezuela para velar por los intereses de la Real Hacienda y combatir las irregularidades comerciales, se había convertido así en yerno de uno de los principales protagonistas de los enfrentamientos que debía investigar. No deja de resultar llamativo que, mientras justificaba ante el rey aquel matrimonio celebrado a espaldas de sus suegros, estuviera interviniendo en diligencias relacionadas con los bienes de la propia familia Bertodano.
El 25 de julio, Pedro Grashuysen compareció ante Antonio Cobián y Valdés, el oidor enviado por la Corona para investigar los acontecimientos relacionados con el navío de Montesacro. El capitán lagunero declaró conocer a Amaro Pargo, Tomás Croquer, Pedro Tomás Pintado y Álvarez de Abreu, y reconoció los perjuicios que los enfrentamientos con las autoridades habían ocasionado a la compañía.
Sin embargo, el episodio más llamativo se produciría el 18 de agosto, cuando Amaro Pargo presentó personalmente a Grashuysen como testigo ante Álvarez de Abreu, el mismo ministro que cinco meses antes había investigado las mercancías chinas de su fragata. Esta vez el asunto tenía que ver con los bienes del antiguo gobernador Alberto de Bertodano, que ahora resultaba ser el suegro del propio juez.
Grashuysen conocía bien el palacio del gobernador, donde había tenido ocasión de tratar con la familia durante sus estancias en Venezuela. Declaró que Bertodano había tenido a su servicio cuatro esclavos adultos y varios menores, algunos de los cuales habían pasado a manos de sus yernos. También aseguró haber visto diferentes piezas de una vajilla de plata, aunque consideraba que no alcanzaban el valor de quinientos pesos que se les atribuía.
La declaración resulta especialmente interesante porque el capitán sostuvo que aquella vajilla pertenecía a Teresa Cecilia de Bertodano, hija del antiguo gobernador y, desde abril de aquel mismo año, esposa del propio Álvarez de Abreu, ante quien estaba prestando declaración. Grashuysen explicó que había escuchado conversaciones en el palacio sobre las enormes dificultades económicas de aquella familia, incluyendo unas deudas superiores a cien mil pesos contraídas por Bertodano desde su llegada de España, y que no habían podido adquirir una vajilla propia, razón por la cual utilizaban la de Teresa.
La declaración original de Pedro Grashuysen, 18 de agosto de 1716, recoge lo siguiente:
«En quanto a la bagilla, le consta hauer uisto a dicho señor de diferentes piesas de plata, aunque [no] le parese tenían tanto ualor como se refiere. Cree que la dicha bagilla pertenecía a la señora d[oña Theresa] de Bertodano, hija de dicho señor, por hauerles oýdo, en diferentes conuersaciones que se ofrecían, quexar de los muchos gastos que tenía su familia, el empeño de más de cien mill pesos que hauía contraído quando bino de España, y las pocas utilidades y demasiados ruidos que se les ofrecieron; por lo qual decían no hauían podido comprar siquiera una bagilla, pues la con que se seruían perteneçía a la dicha señora doña Theresa, que estaua en su compañía».
En castellano actual:
«En cuanto a la vajilla, le consta haber visto diferentes piezas de plata en poder del gobernador, aunque no cree que tuvieran tanto valor como se afirmaba. Considera que aquella vajilla pertenecía a doña Teresa de Bertodano, hija del gobernador, porque había escuchado en diversas conversaciones a la familia lamentarse de los numerosos gastos que tenía, de las deudas superiores a cien mil pesos contraídas desde su llegada de España y de las escasas ganancias y numerosos problemas que habían sufrido. Por esta razón afirmaban que ni siquiera habían podido comprar una vajilla propia y que utilizaban la perteneciente a Teresa, que vivía con ellos».
Alberto de Bertodano, el gobernador manco de Venezuela. En 1682, cuando servía como capitán de la guarnición española de Luxemburgo, se enfrentó a las tropas francesas de Luis XIV. Durante los combates recibió un granadazo y dos disparos de mosquete, heridas que terminaron costándole el brazo derecho. En Tela Roja, segundo tomo de la saga de Amaro Pargo, el propio Bertodano relata al capitán lagunero aquel episodio de su juventud, antes de que ambos se convirtieran en adversarios durante los acontecimientos de Caracas de 1715.
Este testimonio permite comprender mejor las circunstancias económicas de la familia Bertodano y, al mismo tiempo, coincide con las dificultades que Álvarez de Abreu había mencionado al justificar su matrimonio ante el rey. La posesión de aquellas piezas de plata no contradice necesariamente la existencia de graves deudas, especialmente cuando el propio testigo atribuía su propiedad a Teresa y cuestionaba el valor que se les había asignado.
De esta manera, el capitán lagunero que había sido investigado por Álvarez de Abreu terminaba declarando ante él, presentado por Amaro Pargo, sobre los bienes del padre de su propia esposa. Alberto de Bertodano había llegado a Venezuela en el mismo navío que Amaro, en enero de 1715, y sus decisiones como gobernador habían contribuido a desencadenar buena parte de los conflictos que mantuvieron paralizadas las operaciones comerciales de la compañía de Montesacro.
La documentación nos sitúa ante una Caracas en la que las relaciones familiares, los intereses mercantiles y las actuaciones judiciales se entrecruzaban constantemente, hasta el punto de que un ministro podía inspeccionar las mercancías de un capitán conocido de Amaro Pargo y, pocos meses después, recibir de ese mismo capitán una declaración sobre los bienes de su propio suegro. A ello se añadía un matrimonio secreto cuya justificación había llegado hasta el rey, en medio de las investigaciones que continuaban abiertas contra las autoridades de Venezuela.
Fuentes: Archivo General de Indias, Escribanía 693 B, folios 26–27, inspección de la Santa María la Mayor, y folios 60–62, carta de Antonio José Álvarez de Abreu al rey del 5 de septiembre de 1716. Escribanía 693 A, declaración de Pedro Manuel Grashuysen ante Antonio Cobián del 25 de julio de 1716 y declaración de 18 de agosto de 1716 presentada por Amaro Rodríguez Felipe. Comparación económica orientativa elaborada a partir de Llopis Agelán, Enrique y García Montero, Héctor (2011), Precios y salarios en Madrid, 1680-1800, Investigaciones de Historia Económica, 7(2), pp. 295–309
Amaro Pargo y Pedro Manuel Grashuysen, dos capitanes de La Laguna, que mantuvieron una relación estrecha cuando coincidieron en el Caribe.



