29 de Enero 2026
Ayer me enteré de la marcha de mi amigo Juanma, y lo supe a través de su esposa, Rebeca. Ella me contó que nunca quiso que ni sus allegados ni sus amigos supieran de la enfermedad que le fue detectada poco antes de su partida. Cuando conoció el diagnóstico, sus palabras fueron claras, serenas y propias de un maestro de la vida: «Los que me quieren, no quiero que sufran; y a los que me odian, no les voy a dar esa satisfacción».
Y así era él: se nos fue en silencio, con esa humildad que percibí desde el primer contacto.
He querido compartir esta noticia con el grupo para rendir homenaje a quien, sin saberlo, me abrió una puerta en el tiempo durante mi investigación.
En uno de los manuscritos que hallé en su día, relativo a la captura del Saint Joseph por parte de Amaro Pargo, me encontré con un pasaporte real expedido al barco “enemigo” en la ciudad de Corella, firmado por el propio monarca. Aquello me desconcertó. No estaba emitido en ningún palacio real ni en una ciudad donde supiéramos que Felipe V residiera habitualmente, sino en Corella, Navarra. Y no aparecía en un solo documento, sino en varios, correspondientes al Lote 2 del Archivo Militar de Segovia, hoy disponible en acceso público a través de la web.
y del juzgado del Real Almirantazgo y Contrauando en esta ciudad de Cádiz, vezino de ella, doy fe que entre los papeles de su escribanía está una copia signada y firmada mía de un Real pasaporte del Rey nuestro señor (Dios le guarde) refrendado del señor Juan de Elizondo, de su Consejo y su secretario en el de
Guerra. Su data en Corella, a ueinte y cinco de septiembre del año passado de setecientos y onze, conzedido a don Juan Carrol para el nauío ynglés nombrado el San Joseph, su capitán Alexandro Webster, por donde se le permitió pudiese benir a esta ciudad con géneros y mercaderías, aunque fuesen de ilízito commercio, pagando los derechos sacando en retorno frutos y géneros de la tierra (Lote 2).
La entrada de la Casa de los Sesma (Corella, Navarra) donde aún se pueden observar las cadenas, símbolo de residencia real
Mural (donde se encontraban los establos del Rey Felipe V)
Juan Manuel Saínz Jiménez (dcha.)
Con el tiempo averigüé que, debido a la enfermedad de su primera esposa —María Luisa de Saboya—, el rey decidió pasar varios veranos en la casa de un amigo que se la ofreció con la esperanza de mejorar su salud. Y así fue durante un tiempo. Allí acudió también con su hijo Luis, el futuro heredero, que fallecería poco después de ceñir la corona.
La intriga me llevó a descubrir que se trataba de la casa de la noble familia Sesma, conocida entonces como el Palacio de Sesma o la Casa de las Cadenas. Las cadenas se colocaban como símbolo de realeza cuando un monarca habitaba una casa que no era su residencia oficial. Dado que Felipe V permaneció allí durante largas estancias, las cadenas se instalaron de forma permanente y, aún hoy, pueden verse.
Movido por esa curiosidad, hace tres años contacté con su propietario, Juan Manuel, quien anunciaba en redes que conservaba una pinacoteca familiar en el palacio, aunque en ese momento se encontraba deshabitado. Su respuesta fue inmediata y generosa: no solo mostró interés, sino que nos invitó a visitarlo.
Mi familia y yo decidimos pasar las Navidades de 2023 en aquellas tierras de Navarra, cuna de tantos linajes que más tarde ocuparon cargos de enorme relevancia en la Monarquía Borbónica en el Nuevo Mundo. Y aquella fría mañana del 21 de diciembre de 2023, Juanma nos abrió las puertas del palacio.
A través de estas imágenes se revela un tesoro olvidado en el corazón de España: un lugar que estuvo indirectamente conectado con nuestro Amaro Pargo y que me dio alas para describir una de las escenas más relevantes de mi primera novela. Una escena en la que, pese a que el barco contaba con documentos reales expedidos en Corella, Amaro supo —años más tarde, durante el proceso judicial de Santa Cruz— dar la vuelta a unas evidencias aparentemente irrefutables con una inteligencia extraordinaria. Un tesoro que no pudo estar mejor custodiado que por Juanma, quien invirtió tiempo, esfuerzo y recursos propios en conservarlo, sin ayudas públicas, evitando así que su casa —amenazada por el deterioro de algunas de sus estructuras— acabara sucumbiendo al abandono o la ruina.
Recuerdo que Juanma fue de los primeros en leer la primera edición del libro. No solo sentía curiosidad por nuestro corsario Amaro Pargo, sino que quería ver su propia casa narrada en la época de su esplendor, pues uno de los capítulos se desarrolla íntegramente entre sus muros. Al poco de terminarlo, me escribió este mensaje que siempre guardaré con especial cariño:
«Comentario a Comprar el Cielo: más que una novela, es un libro didáctico y pedagógico. Se puede encuadrar como novela histórica por su preparación documental, pero la habilidad narrativa de Marco Polo nos engulle en el siglo XVIII, explicándonos desde una balandra hasta una patente de corso. Genial. Felicidades, amigo.»
Tras hablar con Rebeca, me ha contado que Juanma deseaba que sus cenizas descansaran en la Casa de las Cadenas, su casa, y que será allí donde, llegado el momento, volveré para despedirme como se merece.
Gran persona, gran artista y mejor compañero de vida.
Descansa en paz, Juan Manuel Sáinz Jiménez



