En la Biblioteca Hispánica de Madrid, en 2022, junto a Virginia Revilla (izquierda), técnico de Bibliotecas, y la directora, Araceli García Martín.
Todavía recuerdo aquella mañana fría en la que tomé un taxi desde una zona céntrica de Madrid y le pedí que me llevara a Moncloa, a las oficinas de la AECID. Buscaba una biblioteca situada entre las dependencias del área de cooperación de Asuntos Exteriores y el Museo de América.
Llegué algo pronto y tuve que esperar hasta las nueve en punto para que abrieran las puertas de la Biblioteca Hispánica. Mientras tanto, observaba los grafitis que adornaban sus paredes laterales y procuraba disimular el nerviosismo que se me había apoderado. Una reunión “con la directora del centro…”, pensaba. Pero ¿qué le voy a plantear exactamente? ¿Sabrá quién fue Amaro Pargo? ¿Podrán ayudarme a encontrar información sobre el corsario? ¿Estará su patente de corso escondida en algún legajo que me puedan indicar? ¿Tendría que solicitar algún tipo de permiso para formar parte de este “club” de investigadores sobre la Hispanidad? ¿Necesitaré ser licenciado en Historia como requisito para poder investigar?
A la hora en punto abrieron sus puertas. Una funcionaria de seguridad me pidió que pasara mis objetos personales por la cinta y, tras el protocolo de acceso, llamó a Araceli para nuestro encuentro. María Araceli García Martín era entonces directora de la Biblioteca Hispánica (AECID), y actualmente es Jefa de Área de Publicaciones y Actividades Culturales de la Biblioteca Nacional de España, en Madrid (BNE).
Guardo con cariño aquel primer encuentro, cuatro años atrás: todo lo que hablamos aquella mañana, con un aire distendido, para que, acto seguido, estuviéramos frente a un ordenador en la sala, accediendo a la base de datos de PARES y aprendiendo a localizar legajos de una época en los distintos centros archivísticos de España, y todo desde una sola terminal.
Ahora, tras la publicación de la segunda edición de Comprar el Cielo y con las velas abiertas para que, en breve, sea una realidad, Tela Roja, la segunda de esta saga, he querido compartir esta conversación con quien, con afecto, considero mi mentora en esta investigación.
Comenzamos…
Durante tus años al frente de la Biblioteca Hispánica (AECID) trataste con investigadores, catedráticos y especialistas de primer nivel. En ese contexto, ¿habías escuchado alguna vez el nombre de Amaro Rodríguez Felipe (Amaro Pargo) antes de que apareciera por tu mesa… este canario que hoy te entrevista?
No, no había oído ese nombre nunca, y me ilusionó pensar que se iba a escribir sobre un pirata canario. Con la relación tan estrecha de los canarios con América, utilizando como vía de conexión el mar, ya era hora de centrarse en un pirata con nombre y apellidos.
Cuando te planteé que era un corsario español del primer reinado borbónico, en plena Edad de Oro de la Piratería, ¿qué te enganchó primero: el personaje… o el reto de encontrar y separar buenas fuentes?
Lo primero que me enganchó fue el tema. Había leído sobre piratas británicos y conocía su parcela de protagonismo en la historia de un gran país. Me interesaba explorar ese “oficio” en España, un destacadísimo país marinero. Al protagonista acababa de conocerlo, y al escritor también: no sabía que sería un verdadero sabueso.
¿Recuerdas el instante en que pensaste: “esto no es una consulta más”?
En las bibliotecas especializadas y singulares tienes la suerte de recibir a investigadores verdaderamente brillantes y apasionados de todo el mundo. Nunca creo que van a ser consultas rutinarias, porque esos usuarios de bibliotecas no lo son. Cuando te viene a una biblioteca que no le pilla de paso, un canario que vive en Ghana, a preguntarte por un pirata, te lo tomas muy en serio.
¿Es cierto que me insististe en que los hallazgos que empezaban a aparecer debía dejarlos reflejados en un libro y no quedarme solo en artículos o investigación? ¿Qué te empujó a decírmelo así?
Es lo que hacen muchos de mis usuarios: libros. Los libros pasan de mano en mano, los conocimientos de mente en mente, y no creo que haya mejor intermediario entre el pensamiento de un autor y sus lectores que un libro. Cuando alguien sigue el rastro, trabaja las fuentes, cuestiona lo que se ha dicho, comprueba, se mueve y no se rinde, es un investigador y debe legar sus conocimientos en la herramienta más perfecta, generosa, honesta y estable que existe: un libro. Un libro no permite encubrimientos: lo escrito, se lee.
Paralelamente, me desplacé a Ciudad de México en busca de rastros de la etapa de Amaro en la península de Yucatán. En la imagen aparezco junto a Carlos Conover Blancas, jefe de los Estudios Mayas de la UNAM (en el centro); Luis del Castillo, responsable de Historia de España Moderna (siglos XVI–XVIII), también de la UNAM; y el sacerdote José Armando Rosado, responsable del Archivo Histórico del Obispado de Campeche (en primer plano, a la derecha).
Cuando aceptaste escribir el prólogo de Comprar el Cielo, ¿qué quisiste “dejar colocado” desde la primera página para el lector: la tradición del género, la mirada histórica, o la idea de que esto venía de una investigación real?
Quería dar su lugar al libro tal como es. La historia de las obras literarias y científicas la han ido trazando ellas mismas. Ningún canon coartó a aquellas pioneras. Esta novela era diferente, con un deseo enorme de exponer ante los lectores, verdades.
En ese prólogo sugieres que la obra puede ser un objeto cultural versátil (novela, película, videojuego…). ¿Lo viste ya en el primer manuscrito, o fue una conclusión al entender el proyecto completo?
La singularidad de esta obra hace que pueda transitar por caminos diferentes, pues nunca se ha plegado al molde de unas normas literarias, académicas o pedagógicas. Lo vi desde el primer capítulo. Cada creador debe explorar lo que le interesa y materializarlo, si puede, con un estilo que refleje su personalidad. Es su obra. Y este tipo de relatos tan bien documentados y tan bien escritos tienen sus lectores, y no necesariamente limitados al libro en papel. Conozco bien la estética de la escritura, pero eso no me impide valorar y ver otras soluciones que las canónicas. Si las naves no se aventuran por rutas desconocidas, el descubrimiento no se produce.
Tras leer Comprar el Cielo, y sabiendo que venía Tela Roja, ¿sentiste que el primer libro era una puerta de entrada: el inicio de un Amaro Pargo con mucha más sombra, conflicto y recorrido por delante?
El gran personaje de Amaro Pargo solo se entrevé en Comprar el Cielo. El autor lo ama, pero todavía está descubriendo al hombre de verdad, que no es de cartón, sino que se define por sus miserias y sus grandezas, como las personas complejas, muy vividas y ricas en matices. El autor lo respeta y no lo va a convertir en un arquetipo falso, no lo va a utilizar para apoyar una tesis espuria. Tras el conocimiento y el respeto construye el gran personaje de Tela roja. El personaje no ha cambiado: se nos va desvelando y todavía podemos ver rasgos de personalidad que nos pueden sorprender, pero que encajan, porque percibimos que hay verdad.
En Tela Roja se nota una evolución clara: el mundo de la mar ya no es solo escenario, sino un lenguaje donde conviven maniobras, disciplina, jerarquía, silencio… y además aparece con fuerza el peso del relato histórico de una época. Como lectora y como profesional del libro, ¿cómo ves esa evolución del autor? ¿Qué ha ganado la narración respecto a Comprar el Cielo?
El autor ha hecho suyos un lenguaje y unos conocimientos de historia y marinería que ya conocía. El salto estilístico es impresionante, porque se ha atrevido a plantarse ante sus lectores con la seguridad del que maneja bien las artes con las que trabaja. En sus manos el conocimiento se ha convertido en destreza… y en sensibilidad. Ahora puede manejar de un modo absolutamente natural los sentimientos de sus personajes y hacernos compartirlos sin imponérnoslos con sensiblerías simples.
En tu lectura, ¿qué es lo que mejor sostiene la verosimilitud histórica sin convertir la novela en “manual”: la selección de detalles, el tono, el uso de fuentes, o el modo de encajar personajes reales con ficticios?
La verosimilitud de un relato la dan, entre otros, los aspectos indicados, pero solo si el autor sabe hacerlo. Para lograrlo y que el texto no se convierta en una disertación o una tesis doctoral, hay que ser escritor, es decir, artista de la escritura. El lector no exige nada de modo predeterminado, el lector siente emociones o no las siente. Si se conocieran las dosis exactas de cada componente nos saldrían novelas perfectas, pero esto no funciona así. Está también el arte y la sazón del cocinero.
Tela Roja parece más oscura y más moral. ¿Qué efecto te produce como lectora? ¿Te parece un salto consciente hacia una narración más psicológica?
Está más madura y resulta más audaz. No busca enfocar a los personajes solo desde su ángulo bueno. Se afronta la narración en su conjunto desde la ética, pero sin imponer una moral. Es un relato para personas adultas, que saben entender la dureza de la vida y las marcas que va dejando en los caracteres. Los claroscuros no distorsionan, sino que impiden simplificar y crear siluetas de un solo trazo. El estudio psicológico enriquece la personalidad de los personajes. Y el misterio, el juego de luces y sombras en el que también sume al lector, crea intriga y le engancha emocionalmente con la historia.
En esta segunda parte, la tensión no viene solo del enemigo externo, sino del interior: con quien uno convive en un espacio tan reducido … ¿Qué te sugiere ese cambio sobre la época… y sobre lo que el mar produce en las personas?
El mar es insondable, misterioso, fiero en ocasiones, sereno otras veces. Se cobra sus tributos, pero también inunda el alma de belleza, de aventura, de misterio, de vida. Cuando nuestro pirata se echó a la mar, posiblemente no lo verbalizó de este modo, pero seguro que sabía en qué aventura se embarcaba. El mar es un protagonista más en la novela, y extremadamente trabajado. No es testigo mudo o escenario de una época y unas circunstancias, sino que impone su ley. Las personas que conviven con él saben que lo tienen que respetar, y eso va forjando su carácter.
Si tuvieras que definir Tela Roja en una frase para alguien que leyó Comprar el Cielo: ¿qué tipo de libro se va a encontrar ahora, y por qué merece seguir la travesía?
Tela roja es una aventura trepidante que ya se inicia con amigos conocidos. Con todo lo que queda por vivir, no se puede abandonar el barco en medio de la travesía. Con Tela Roja vivirás el camino y llegarás a puerto, a muchos puertos.
Si colocamos a Amaro Pargo en un mapa amplio —España, Atlántico, Nuevo Mundo—, ¿dónde lo situarías tú: como una excepción, como uno más de la época, o como pieza clave del Reino en un engranaje mayor?
Amaro Pargo es hijo de su tiempo, y es canario, por lo que su vida no es una pirueta imposible, algo inexplicable. El mar le llamó como a alguien cercano, incluso familiar. Pero eso no le convierte en uno más. El ser una pieza en el tablero político de la época, tampoco quiere decir que no tuviera inercias propias, sino que fue capaz de meterse en una gran partida. Grandes hombres de todos los tiempos parecen predestinados a realizar hazañas que solo cobran su auténtica dimensión cuando se eleva la mirada y se aprecia con quiénes compartieron el tablero. Este isleño derribó fronteras y ayudó a configurar un nuevo mundo que estaba surgiendo.
En tu opinión, ¿qué hace que Amaro Pargo sea un personaje históricamente “universal” y el tipo de mundo que encarna?
Representa el esfuerzo, el inconformismo, la fe, la aventura, la lucha, la lealtad a los suyos, y esos son valores universales y esperemos que imperecederos. Su carisma le convierte en núcleo de su mundo y es capaz de expandirlo hasta abarcar medio orbe.
¿Qué te parece más interesante de Amaro como figura histórica: su capacidad de moverse entre legalidad e ilegalidad (corso, comercio, contrabando), o su dimensión humana (ambición y fe)?
Como personaje novelesco, me gusta la fusión de sus dos complejas facetas. Como persona histórica real, me interesa enormemente su vinculación con la piratería y su capacidad para obtener el papel de corsario. Esto le vincula con los estamentos más importantes de un país, y le convierten en una figura apasionante.
A nivel de memoria cultural, ¿por qué crees que España apenas ha contado a sus corsarios y hombres del mar, frente al relato anglosajón del pirata romántico?
El pirata romántico anglosajón de los relatos es falso y los españoles no aceptamos figuras imposibles. En los grandes personajes literarios españoles hay una base real, nacen de lo popular, por muy fantasiosos que puedan parecer. Pensemos en don Quijote. Tal vez la fe católica, que impide mentir, no permita crear personajes que crucen ciertos límites. Y las personas tampoco: no es ético convertir en héroe romántico a alguien que vive del delito. Para la moral anglicana, solo hay que rezar y pedir perdón para ser perdonado, pero para la católica hay que pagar una penitencia.
Desde tu experiencia con fondos y lectores, ¿qué mito sobre Amaro Pargo te parece más resistente y cuál crees que merece revisarse con más urgencia cuando uno entra al archivo?
El héroe pirata canario es potentísimo y la literatura ama ese personaje. Históricamente, hay que revisar bien todas las circunstancias que rodearon su nombramiento como corsario, pues eso daría luz sobre la visión que las fuerzas vivas del Estado del momento tenían del panorama internacional y demuestra hasta dónde estaban dispuestos a llegar para que el mundo conocido y su destacado papel en él, no perecieran irremediablemente.
Si tuvieras que decir qué representa Amaro Pargo para un lector de hoy, ¿qué dirías que encarna mejor: su identidad atlántica, o la tensión permanente entre honor y negocio?
Probablemente destacaría su identidad. Muchos canarios escasos de oportunidades abrieron brecha en el Nuevo Mundo gracias a su arrojo y valor. Su herencia sigue viva, y su acento es un recordatorio permanente de que arraigaron en nuevas tierras dejando lo mejor de sí mismos: su voz, sus palabras, su espíritu. La semilla de esa identidad compartida salió de Canarias. Y Amaro Pargo fue uno de sus grandes emisarios.


