Hay algo que siempre me ha llamado la atención en la divulgación histórica que se hace en Canarias: casi siempre gira sobre lo mismo. Los aborígenes y su origen, el Pleito de los Conventos, La Conquista, las guerras locales, la economía insular… Temas valiosos, sí, pero que dejan fuera una parte enorme de nuestra historia común: la de la Hispanidad y la de una tierra que construyó su identidad mirando al mar y hacia América.
Por eso, encontrar autores que se adentren en ese otro territorio —el del océano, las rutas, los navíos y los hombres que los gobernaron— es casi una excepción. José Antonio Devesa es uno de ellos. Aunque afincado en Canarias, escribe sobre la historia naval de España con una mirada amplia y un rigor poco habitual. No lo hace desde la distancia académica, sino desde la pasión por la mar y por aquellos héroes que hicieron del siglo XVIII una de las etapas más brillantes de la Real Armada.
Desde el primer momento que me puse en contacto con él, descubrí a una persona afable, cercana y con una disposición constante a compartir conocimiento. Tranquilo, con los pies en la tierra, y con una inquietud inmensa por divulgar con su escritura una parte de nuestra historia que coincide con la etapa de Felipe V, la misma en la que vivió y navegó Amaro Pargo. En sus novelas aparecen personajes que cruzan ese mismo escenario histórico —como José Patiño o Rodrigo de Torres, el capitán que Amaro escoltó desde Veracruz hacia La Habana con la flota del Azogue en 1721, y que años más tarde recomendaría a Blas de Lezo para la defensa de Cartagena de Indias—.
Su prosa es amena y cercana, con un nivel de descripción que permite al lector oler el ron y la brea de una taberna habanera o sentir el bullicio de un muelle en plena jornada. Con rigor histórico, sí, pero también con emoción, José Antonio consigue que el lector camine por la cubierta de un navío de línea y se reconozca en los hombres que lo tripulan.
Funcionario del Estado y Brigada de la Guardia Civil en Canarias, Devesa ha construido, libro a libro, una colección de novelas que rescatan con detalle las gestas de la Real Armada. Lo hace con una mezcla poco común de disciplina, conocimiento técnico y respeto por la historia.
Su última presentación, celebrada el 18 de septiembre de 2025 en el Real Club Náutico de Las Palmas, reunió a marinos, historiadores y lectores, y contó con la presencia del Contraalmirante Santiago de Colsa Trueba, Jefe del Mando Naval de Canarias. Fue, más que un acto literario, una forma de recordar que la mar sigue siendo parte de la memoria viva de España.
Y en noviembre de 2025, José Antonio impartirá una conferencia en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria titulada “Cinco sistemas de construcción para la Armada Ilustrada”, donde explorará cómo España se mantuvo a la vanguardia tecnológica en la construcción de buques de guerra y comercio, uniendo historia, técnica y tradición.
Con José Antonio hablamos precisamente de eso: de sus obras, del mar, y de los hombres que dejaron su huella en el tiempo y en la historia de un imperio.
José Antonio, ¿de dónde nace tu pasión por la historia naval española y por reconstruir con tanto detalle las gestas marítimas del siglo XVIII?
Buenos días, Marco. Antes de contestar a esta primera pregunta, quiero agradecerte la deferencia que has tenido conmigo al realizarme esta entrevista, creo que nosotros, como escritores de novela histórica relacionada con el mar, conectamos desde el primer momento. Y eso está muy bien, porque los escritores no competimos entre nosotros sino que nos retroalimentamos.
Dicho esto, mi pasión por la historia naval y el siglo XVIII surge por haber nacido en Cádiz, el Departamento naval más importante durante todo el siglo por su conexión con la Real Armada y el comercio de la Carrera de Indias. Pasé mi infancia quedándome los fines de semana en la casa de mis tías, que resultó que vivían en la que fue residencia del teniente general don Blas de Lezo y Olavarrieta cuando estuvo a cargo de los buques que debían escoltar los barcos de la flota de Indias, justo en los años inmediatamente anteriores a su partida a Cartagena de Indias, donde fue clave en su defensa y donde alcanzó la «inmortalidad». No soy creyente, pero sí pienso que el espíritu de determinadas personas impregna los lugares donde han vivido. Y no me extraña que esa influencia me haya llevado a mí a interesarme por esa parte concreta de la historia: la de la Real Armada y la sociedad naval que la hizo posible.
Desde mediados del siglo XVIII, la mansión ubicada en el nº 70 de la calle Larga de El Puerto de Santa María, es conocida popularmente como La Casa de la “Gobernaora”. Foto tomada durante mi visita este año, gracias a las indicaciones de José Antonio.
Has elegido siempre una etapa muy concreta: la del primer Borbón, Felipe V, cuando España se reorganiza tras la Guerra de Sucesión. ¿Qué te atrajo de este momento histórico tan decisivo?
La nueva dinastía trajo reformas y modernidad a España. Y hablo en sentido amplio cuando digo España, porque la España americana también se reformó de acuerdo a la nueva administración que trajeron los Borbones. Felipe V es un rey polémico en cierto modo. Lo es porque subió al trono tras vencer en una guerra de sucesión. Y en consecuencia abolió los fueros de los territorios que no le habían sido «fieles», como los de la corona de Aragón. Era un monarca absolutista que procuró que todo el imperio se gobernara conforme a las mismas leyes, en oposición a la monarquía compuesta de los Austrias, cuyo reino era una «monarquía compuesta». Yo creo que no habría sido posible el resurgir de España en el siglo XVIII sin que se tomasen estas medidas. La propia existencia de la Real Armada, que vino a sustituir a un conglomerado formado por varias Armadas distintas no habría sido posible sin reformar el Estado.
¿Crees que Felipe V y su corte supieron realmente consolidar un nuevo modelo de poder o más bien prolongaron las tensiones del viejo imperio?
Creo que el imperio de Felipe V es totalmente distinto al de la etapa anterior. El viejo imperio estuvo condicionado por las posesiones europeas, sobre todo por Flandes. Pero eso desapareció tras los tratados que pusieron fin a la Guerra de Sucesión y la nueva España se centró más en la hispanidad, es decir, en el mantenimiento de su imperio americano y en las Filipinas. Además, el hecho de refundar el Estado como un ente más unitario reforzó al país.
Si pensamos en su sucesor —Fernando VI, un monarca que trajo paz y estabilidad tras tantos años de guerra—, ¿cómo valoras su legado en la historia naval española?
Las circunstancias de Fernando VI fueron diferentes a las de su padre. Felipe V había comenzado guerras para situar en los territorios italianos a los hijos de Isabel de Farnesio. Sin embargo, a Fernando eso le traía sin cuidado y decidió gobernar de otra manera. Sin embargo, siempre tuvo en cuenta que el enemigo de España seguía siendo Inglaterra, y que aunque hubiese un periodo de paz este solo era el preludio de otro futuro enfrentamiento. De hecho, su ministro principal, el marqués de la Ensenada, se dedicó a potenciar la Armada y el Ejército para cuando llegara esa futura guerra.
Eres un autor que no solo narra batallas, sino que se preocupa por la precisión técnica. ¿Te apasiona el mar tanto como la historia?
Por supuesto. No se puede hablar de los barco de la época de la navegación a vela sin explicar cómo funcionaban, cómo los construyeron y cómo los gobernaban. En mis libros describo todo eso, pero lo hago de manera que leyendo el contexto se puede entender la técnica. Aún así, en todas mis obras incluyo un glosario de términos náuticos de la época, para la mejor comprensión. Siempre digo a mis lectores que sigan leyendo aunque no lo entiendan al principio, porque cuando acaban el capitulo se queda la sensación de comprender perfectamente…
En Cartagena de Indias recreas una de las gestas más decisivas de la Armada Española. ¿Qué te interesó de Blas de Lezo y de aquel choque con Vernon?
Me interesó el héroe en sí. Una persona, un marino que ya era una leyenda al final de su carrera cuando ocurren los sucesos de Cartagena de Indias. Lezo se había forjado al pie de los cañones en numerosos enfrentamientos con los enemigos del Rey. Y era un hecho que nunca fue derrotado aún cuando se enfrentó a enemigos muy superiores. Además, era un patriota en el sentido amplio de la palabra, un hombre con sentido de la lealtad y la pertenencia a un imperio que era universal. Para él, eran igual de españoles los que vivían en las posesiones de América como en las de la Madre Patria. Hoy es difícil entender eso, pero es la base de la Hispanidad el hecho de que somos una civilización unidos por la historia, la moral cristiana y por un mismo idioma.
En Gran Bretaña se acuñaron medallas conmemorativas tras la expedición de Vernon contra Cartagena de Indias. Estas piezas pretendían celebrar una victoria británica que luego acabó siendo un fracaso frente a las defensas españolas lideradas por Blas de Lezo. Una de las variantes más conocidas muestra en el anverso a Vernon en pie y a Blas de Lezo arrodillado, entregándole una espada. En la leyenda puede leerse algo como: “THE PRIDE OF SPAIN HUMBLED BY AD. VERNON” (“El orgullo de España humillado por el almirante Vernon”). En el reverso aparece la bahía de Cartagena, fortificaciones, barcos británicos y la inscripción “TRUE BRITISH HEROES TOOK CARTAGENA” (“Los verdaderos héroes británicos tomaron Cartagena”).
¿Y cómo crees que aquel joven marino soportó el dolor y la infección cuando perdió su pierna en uno de sus primeros combates, mucho antes de la aparición de los antibióticos? ¿Qué puedes contarnos sobre la medicina y la proeza humana de aquella época?
Sobrevivir a una amputación era un hecho extraordinario. Solo uno de cada cuatro amputados superaba el proceso de la intervención y las posteriores infecciones en una época donde se operaba sin anestesia y no se habían descubierto los antibióticos. El destino quiso que Lezo fuera uno de esos supervivientes y permitió que dejara un legado digno de recordar. Solo podemos imaginar lo duro que debió ser someterse a ese proceso.
Los cirujanos de la época hacían lo que podían para mantener con vida a sus pacientes. Sin embargo, los que trabajaban en la Real Armada merecen un capítulo aparte, por estar al frente de la innovación científica de la época y ser considerados los mejores del mundo. Fue en este siglo cuando se funda el Real Cuerpo de Sanidad de la Armada (1728) y el Real Colegio de Cirugía de Cádiz (1748).
Muchos lectores ven en Cartagena de Indias no solo una novela bélica, sino un retrato humano de los marinos españoles. ¿Qué quisiste transmitir en ese equilibrio entre historia y emoción?
Siempre quise mostrar a la sociedad de la época, con sus códigos de lealtades, valores y creencias. El desarrollo de varias historias de amor y amistad en la novela hace de hilo conductor para mostrar cómo vivían y se relacionaban. Porque al fin y al cabo mis novelas son literatura, es decir, están hechas para emocionar y entretener, aunque el apellido de histórica haga que me preocupe mucho de dibujar bien el contexto histórico en el que discurre la acción. De esa manera contribuyo a divulgar un pasado que no debemos olvidar para comprender quienes somos en la actualidad.
Viaje redondo nos lleva al corazón del comercio atlántico y las rutas de la Carrera de Indias. ¿Cómo investigaste ese mundo de mercaderes, capitanes y contrabandistas?
El mundo comercial de la Carrera de Indias es muy interesante, pues desde 1717, con el ministro Patiño, se traslada la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz. Este era el ente administrativo que controlaba el comercio entre la América española y la península. En el siglo XVIII se controlará desde Cádiz la actividad comercial con los virreinatos. Los comerciantes autorizados a comerciar con Indias se llamaban Cargadores a Indias y gracias a ese comercio acumularon riquezas que les permitieron construir las casas-palacio en las que vivían en Cádiz, Sanlúcar de Barrameda o El Puerto de Santa María. Pero, lógicamente, el comercio no solo iba por la vía legal. Si estos «empresarios» encontraban la manera de hacer llegar las mercancías sin que pasara por los funcionarios reales que las controlaban, evitaban pagar el quinto real (el impuesto que correspondía a la Corona) y, así, el beneficio era mucho mayor. Viaje Redondo describe ese mundo de Cargadores a Indias y del negocio en torno a la ruta comercial que seguían. Además, en medio de un periodo de guerra que introduce la variable de poder ser capturados por los británicos, en cuyo caso se perdía el barco y la inversión.
En El prisionero de Tolón, la acción se traslada al Mediterráneo, con un tono casi detectivesco. ¿Cómo fue el paso de la gran batalla caribeña al espionaje naval?
Bueno, ciertamente el espionaje estuvo presente durante todo el siglo entre las principales potencias que luchaban por controlar el mar. El prisionero de Tolón nos cuenta la historia de algunos de esos «espías», pero, sobre todo, hay que resaltar el hecho principal. Se trataba de relatar lo sucedido en torno a una batalla naval de la misma entidad que la de Trafalgar, pero que tuvo un resultado diferente. ¿Por qué se han escrito tantas novelas sobre Trafalgar, una derrota gloriosa, y ninguna sobre la batalla del cabo Sicié, que fue una gran victoria? Esa es la reflexión que dejará la novela a todos los lectores. Durante la edad moderna, entre el descubrimiento de América y la guerra de Independencia, la Armada y el Ejército protagonizaron muchas más victorias que derrotas, sin embargo nos gusta recrear las segundas. Yo creo que hay que darle la vuelta a eso para sentirnos realmente orgullosos de nuestro pasado.
Misión en Inglaterra aborda directamente la ingeniería naval y el espionaje técnico. ¿Qué papel tuvo Jorge Juan en tu inspiración?
Jorge Juan protagonizó una misión de espionaje en la Inglaterra de mediados del siglo XVIII con un éxito incuestionable. Viajó al país invitado por la Royal Society para que diese conferencias como científico sobre la expedición a Suramérica para la medición del Arco del Meridiano en la que había participado. Pero, además, el ministro de Marina, don Zenón de Somodevilla le encomendó que averiguase cómo funcionaba la construcción de navíos y fragatas en los astilleros ingleses. Utilizando varias identidades falsas consiguió planos de navíos y de maquinaria de arsenal, instrumentos de medición y hasta logró reclutar a maestros constructores británicos para que trabajasen en los arsenales españoles y mejoraran éstos y los buques que se ensamblaban. Sin embargo, estuvo a punto de ser arrestado por las autoridades británicas cuando descubrieron su doble juego. Sobre todo esto ya se han escrito anteriormente. Sin embargo, cayó en mis manos varios documentos que relataban como en los años posteriores a la misión de Jorge Juan en Londres, siguieron llegando a España grupos de maestranzas británicos para ser reclutados en los arsenales Españoles. Y sobre eso construí el argumento de mi «Misión en Inglaterra». Un relato muy original, pues no describe la misión de Jorge Juan, sino, digamos, el remate de ella.
Documentos de ingeniería Naval del Siglo XVIII
En tus novelas hay un hilo común: el honor, la lealtad y la inteligencia frente a la fuerza. ¿Es tu forma de reivindicar una mirada distinta sobre la historia militar?
Desde luego. Honor y lealtad son valores universales que deben seguir siendo nuestra referencia si queremos tener una vida satisfactoria y guiarnos por unos principios morales. En cuanto a la inteligencia militar… nada hay tan interesante como eso, pues las guerras no se ganan solo con la fuerza bruta. El trabajo de inteligencia fue, es y será imprescindible para defendernos de las amenazas externas e internas.
El rigor con que tratas las maniobras marítimas y la terminología náutica es notable. ¿Cuánto tiempo dedicas a la documentación antes de escribir?
En realidad, fueron muchos años –seguramente más de cinco, aunque no lo tengo cuantificado– los que dediqué a la documentación de mi primera novela. Sin embargo, para las siguientes, como el trabajo realizado había sido ingente, no necesité tanto tiempo. Al trabajar sobre un mismo periodo histórico que ya tengo muy estudiado el proceso de documentación lo tenía muy avanzado para Viaje Redondo, El prisionero de Tolón o Misión en Inglaterra. Téngase en cuenta que las cuatro novelas discurren entre 1739 y 1755. Unos dieciséis años de nuestra historia que tengo muy bien trabajados.
Has incluido glosarios de términos marinos al final de tus obras. ¿Buscas también educar al lector o preservar un lenguaje que se está perdiendo? Ya he contestado en una pregunta anterior a lo del glosario. En cuanto a preservar el lenguaje, digamos que eso es un hecho secundario cuando escribes sobre épocas pasadas y tienes que adaptarte al vocabulario de entonces. Y mi pretensión no es educar al lector, sino divulgar la historia.
Eres Brigada de la Guardia Civil en Gran Canaria. ¿Cómo haces para combinar tu profesión con la disciplina que necesita la escritura?
La única manera es dedicar la mayor parte de mi tiempo libre a mi pasión por la historia y la literatura. No hay una receta mágica para esto, pues el escritor no nace, sino que se hace a base de practicar. Aunque es cierto que hay que tener una historia dentro que contar para conseguir el impulso que te lleve a la aventura de escribir.
Has publicado con distintas editoriales —Adarve, Rubric y HRM—. ¿Cómo ha sido tu experiencia en el mundo editorial?
Buena pregunta… como escritor comencé a autopublicarme con Adarve y Rubric, editoriales con las que he aprendido mucho y a las que debo estar agradecido por darme entrada en el duro mundo de la publicación. Escribir es solo una parte del trabajo del escritor, después, cuando logras publicar comienza un trabajo mucho más duro, que es el de dar a conocer tu obra. Para ello utilizas todos los medios a tu alcance, como las redes sociales, las entrevistas que te ofrecen en radio y prensa, las presentaciones en bibliotecas, grupos de lectura u otras instituciones, etc. Si con ello logras que una editorial como HRM se fije en ti para publicar tu obra a la manera tradicional puedes considerarte muy satisfecho. Ese ha sido, resumiendo un poco, mi camino como escritor hasta ahora.
¿Consideras que las editoriales pequeñas logran llegar realmente al público o crees que la distribución sigue siendo una barrera para los autores históricos?
Las editoriales pequeñas lo tienen muy complicado en un mundo donde los grandes grupos editoriales copan buena parte del mercado. Un lector compra lo que ve. Acude a una librería o un supermercado y se lleva lo que le interesa de lo que tienen allí. De manera que la visibilidad es imprescindible para un autor. Si tu obra no está a la vista no se va a vender por buena que sea. Esto no es una barrera en sí para autores del género histórico, pues las grandes editoriales también publican novela histórica. Eso sí, hay que lograr que se fijen en tu obra y apuesten por publicarte. Si logras eso, habrás recorrido lo más duro del camino, pues tendrás ciertas garantías de que tu obra va a llegar al público.
El pasado jueves 18 de septiembre de 2025 tuvo lugar la presentación de su obra en el Real Club Náutico de Las Palmas de Gran Canaria, un acto arropado por compañeros de la Armada y de la Guardia Civil, y presidido por el Contraalmirante Santiago de Colsa Trueba, Jefe del Mando Naval de Canarias. ¿Qué significó para ti vivir ese momento tan simbólico, donde se funden la literatura, el mar y el servicio a España?
Tengo que confesar que ese día se cumplió un sueño. Que los compañeros de la Guardia Civil y de la Armada te «patrocinen» y te arropen en una presentación de tu obra es para estar agradecido para siempre. De hecho me faltan las palabras para hacer entender lo feliz que me sentí con la celebración de ese evento. Yo escribo para todos los públicos, pero escribo sobre la historia de la Real Armada, y que el contraalmirante tuviese la amabilidad de introducirme con unas palabras y estar a mi lado durante la presentación fue algo realmente inolvidable.
Derecha: el coronel Javier Peña de Haro, jefe de la Comandancia de las Palmas, el Contraalmirante Santiago de Colsa Trueba, Jefe del Mando Naval de Canarias, José Antonio Devesa, y don Pedro Sánchez González, presidente del Real Club Náutico de Las Palmas durante el acto
Durante el acto, el Almirante de Colsa subrayó la importancia de rescatar la historia naval y las gestas de la Real Armada. ¿Cree que la literatura puede ser hoy un puente eficaz para devolver el protagonismo a los grandes marinos españoles del siglo XVIII?
Desde luego. Esa es mi principal pretensión con mis novelas, rescatar del pasado los grandes acontecimientos en los que fueron protagonistas los héroes de la Armada, pero también de las personas anónimas de la sociedad de la época.
Tenemos una historia sorprendente que es, seguramente, la envidia de cualquier país. Solo tenemos que ser conscientes de ella para elevar nuestro espíritu y sentirnos orgullosos por nuestros antepasados.
¿Qué significado tiene para usted que la Armada actual siga bautizando sus buques con nombres de aquellos navíos legendarios, y que en Canarias aún faenen barcos como el B.A.M. Rayo (P-42), que evocan esa herencia?
La Armada tiene por costumbre repetir el nombre de sus barcos para homenajear antiguas unidades o marinos que sirvieron en otra época. El B.A.M. Rayo lleva el nombre de un navío glorioso, un buque de primera clase que llegó a montar 100 cañones, y don Blas de Lezo nombra a una de las fragatas más modernas de la Armada actual, aunque otros dos buques han llevado su nombre en el pasado. Este guiño a la historia evoca una continuidad entre el pasado y el presente y creo que debe seguir siendo así. Ojalá no se pierda la tradición.
Izquierda: El actual B.A.M. Rayo (P-42), con base en Las Palmas de Gran Canaria, patrullero oceánico de la clase Meteoro, hereda el nombre del histórico navío de línea español. Centro: Representación del navío Rayo, buque de primera clase de la Real Armada botado en La Habana en 1749, que llegó a montar 100 cañones y combatió en Trafalgar. Derecha: Dotación del B.A.M. Rayo durante unas maniobras en Ghana, donde tuve la oportunidad —junto con mi esposa— de celebrar con ellos el Día de la Hispanidadel pasado 12 de Octubre en la Embajada de España en Accra.
En qué nuevos proyectos estás trabajando? ¿Podremos esperar nuevas travesías de la misma época o quizás un salto hacia otro siglo?
Por supuesto sigo escribiendo. Ahora estoy inmerso en otro proyecto que no se sale del siglo XVIII. La Real Armada seguirá navegando en mis novelas porque todavía tengo muchas historias que contar.
Y para concluir, no puedo dejar pasar esta pregunta: ¿cómo interpreta que un isleño como Amaro Pargo, sin sangre noble ni carrera militar, acabara comandando navíos y representando a la Monarquía borbónica en el comercio transatlántico? ¿Qué lectura hace de ese ascenso social y de la mirada que los viejos mandos de la Armada pudieron tener sobre un hombre así?
Amaro Pargo no es un caso único en ese sentido. Recomiendo leer algo sobre don Antonio Barceló, que desde el empleo de marino llegó al de teniente general de la Armada. Al igual que Amaro, se dedicó al comercio y al corso, antes de integrarse al Cuerpo General. En todo el siglo hubo muchos oficiales, a los que llamaban aventureros, que siguieron el mismo camino que Pargo y ascendieron socialmente gracias a su valor y coraje. Algunos se enriquecieron y ennoblecieron gracias a ello, y otros fallecieron olvidados, pues ese era el precio que imponía el mar. Es cierto que, en una sociedad estamental, donde el origen noble era una gran ventaja, muchos miraban por encima del hombro a estos hombres. Pero personajes como Amaro Pargo han pasado a la historia por sus propios méritos y eso tiene un valor añadido.
Las novelas de José Antonio Devesa
Cartagena de Indias
Editorial: Adarve | Año: 2021
En pleno reinado de Felipe V, tras la Guerra de Sucesión, España defiende su hegemonía en el Caribe frente a la expansión británica. La novela revive la heroica defensa de Cartagena de Indias (1741), liderada por Blas de Lezo frente al almirante Vernon. Una historia de honor, inteligencia y sacrificio en los días más gloriosos de la Real Armada.
Viaje redondo
Editorial: Adarve | Año: 2022
Dos barcos parten de Cádiz rumbo a Veracruz en 1742, en un viaje de ida y vuelta que se convierte en metáfora del destino español. Amor, comercio y guerra se entrecruzan en un relato donde se refleja la transformación del Imperio tras la Guerra de la Oreja de Jenkins, cuando España intenta mantener su monopolio marítimo frente a Inglaterra.
El prisionero de Tolón
Editorial: Rubric | Año: 2024
En febrero de 1744, frente a la costa de Tolón, se libra un combate naval entre las escuadras de Francia, España y Gran Bretaña. La desaparición de un marino tras la batalla desata una investigación llena de misterio, amor y patriotismo. Una novela de marinos y soldados que, pese a la inferioridad numérica, demostraron valor y dignidad ante el enemigo.
Misión en Inglaterra. Maderas, hierros, jarcias y lonas: un relato de espionaje naval en el Siglo XVIII
Editorial: HRM Ediciones | Año: 2024
Basada en hechos reales, esta novela reconstruye la misión secreta de espionaje naval de Jorge Juan y Santacilia en Inglaterra. Desde los astilleros británicos hasta la reforma de los arsenales españoles, Devesa muestra el ingenio y el coraje de quienes lograron modernizar la marina española del siglo XVIII.



